La nada en su barroco
Vivimos en la respuesta de una pregunta no formulada,
en el significado de un mensaje que nunca se envió,
distraídos por el anuncio que arrastra al anuncio más reciente
a pródigos depósitos con ventanas siempre nocturnas.
Cerca se nos antoja el sentido de cualquier cosa,
pero ya el primer intento por aprehenderlo resulta
en esos golpes de cristal que aturden la candidez del insecto.
Los progresos ciñen cada cabeza con pañuelos de sonido vano,
y en cada umbral de ojo niebla es el apilamiento
como de sillas de esta y aquella imagen, lisiadas ya al nacer
por la carencia de una voluntad con lucidez en sus manos.
Ninguna summa llega ahora al papel ni pagan su deuda
con la musa aquellos que acostumbraban depositar
en las palabras y aun en la letra el oro que salda.
Ignoramos mucho, o todo, puesto que con meditada intención
nos hacen saber demasiadas cosas; y a un paso, no más,
está ya la frontera con su inmediata tierra de silencio
donde los dioses del día, mientras intercambian fotos de nadie,
se dicen sus palabras de nada.
Nuestro tránsito es un deambular como por los arrabales
de un país ignoto, sin vernos apenas y con las trazas
de un quebranto adelantado, casi como si la noche se bebiera
en cada jornada un sorbo más del día y nos sintiéramos ciegos ya
golpeando los interiores de vidrio de un botellón
con forma de mundo.
Así, una desesperación cerrada y simple se recuesta
cada anochecer en el muro donde las sombras
de los días anteriores logran el tono más perfectamente
huido de la luz, donde la única luz proviene ya
de la pupila rectangular de la tableta, que a la manera
de un antiguo barro se multiplica en formas y signos
con los que no nos alcanzamos jamás.
Se continúa, no obstante, como hacia lejanías circulares
y sin horizontes, preguntándose los delicados si al menos
escribirán en la atiborrada acera, para los oídos
de alguna presencia como de mito, palabras de un buen tiempo
las letras de los pasos; o aun si en nuevos transcursos
alguna raíz de ilusión logrará traspasar la cal de los suelos y germinar.
Se continúa, sí. Y mientras tanto, comentario del músculo
y el cero, una abundancia de deportivo clamor toma los espacios
disimulando apenas su cuña en las fugas de silencio
que los himnos creados para el todo instalan al convertirse
en desmañado sedimento… Cogito sic est.
De La profecía la hará Merlín (Poemas, enero – marzo 2021)
Inédito