Diario
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PRÓLOGO
Osada resolución con intenciones de prospecto y elocuencias de coordinación, la escritura de un diario. Surgida de la disposición más emancipada o de una examinadora reflexión, aunar lo dispar y aun contradictorio en continuidades anímicas, en transparencias de parábola, es la cuestión que le da ánimo y horizonte. Que le posibilita, a modo de apoyo y cauce liberador, toparse con la ilusión (con la certeza, a veces) de hallar vastedades y respuesta en el párrafo breve o en la retraída línea.
Una línea, por ejemplo, (ocurrencia de este instante), como: “En mudanzas de soledad fermenta su memoria el ojo”; o: “Nocturna nace la mano que instala a lo efímero en edades con suertes de eternidad”; o un párrafo como: “Líneas semejantes a las anteriores llevarán seguramente luego a su escriba a buscar el apoyo de algo como estacas –otras líneas— en cuyos quebradizos temblores podrá al fin fijar un título y llamarlo poema”… Unas líneas o unos párrafos similares a estos apaciguarán quizá la mano y, tras un filtrado de exigencia, dejarán en el ánimo unas mayores o menores presunciones de que el bien ha sido obtenido, de que el hecho literario, con —puesto que hablamos de diarios— la nube de su fecha por encima, está consumado o, al menos, ya esbozado. En ambos casos, por lo demás, destacará la evidencia de que no hay allí ataduras, que anulada está la exigencia de trepar por la inherente sucesión de escalones de un ensayo o de una ficción — y que del amañado premio literario a salvo está su inocencia.
Ni ataduras, entonces, ni sujeciones instrumentales. Tampoco operaciones de igualdad, relaciones en planes de simetría. Rescatado de un rito de azar o de consonancias de costumbre, cada detalle asentado en un diario se aloja en el hielo de la perduración y su calor esculpe allí consecuencias de forma a resguardo siempre de cualquier encadenamiento, de sugerencias de espejo. Porque compuesto está ese botín de fases recogidas en las incidencias de pensamiento y de realidad formadas donde centro y margen se anulan. En esa totalidad cuyas desiguales dilataciones abrazo son para quien vadea cualquier propósito de composición en método de capítulos. Para quien, tras ensayar a modo de acondicionadoras flexiones unas líneas como las precedentes, se entrega con el mejor de los ánimos a esa escritura tan huida de la restricción. A esa escritura en acción de libertad.
Edgar Brau, septiembre de 2026
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NOTA: Las entradas de este diario serán agregadas cada quince/veinte días.
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